
Ella, obsesionada con la idea de renacer, olvidó que el alma al salir de su cuerpo yace incognocible en el Hades. Guiada en un barco de madera, había atravesado los ríos súbterraneos sin siquiera emitir un gemido. Su memoria no existía como tal, y cada uno de sus recuerdos habían sido cambiados por imágenes poco lúdicas de las tinieblas más fascinantes que nunca imaginó. Y sobre ella, caían las gotas de lágrimas, de sueños frustrados y de alguno que otro amor olvidado en la lejanía. Siempre he creído, que los viajes supra-terrenales se parecen más a la épica que a la historia....ya que no conciben realidades obvias, e incluso, rechazan cualquier manifestación empírica. No es casualidad que Hades, haya decidido cultivar en su reinado, todas estas almas apacibles y tenebrosas. Le deleitaba exquisitamente observar como la idea de llegar a destino, impacientaba a sus visitantes, ni cómo la locura casual que se tiene sobre sus ríos, es detonante de una sonrisa. No sabemos el motivo de la sonrisa, ni siquiera su fin. Pero eso no es lo importante. Ella continuaba deambulando sobre las aguas torrentosas, y nunca iba a darse cuenta, de que sus sueños de un cielo no eran más que fantasías. Y que lo que tenía por delante, se tornaba mucho más apasionante.