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jueves, septiembre 13, 2007

Epílogo de los Sueños


No tocaste la puerta e irrumpista en mi pieza con el bullicio de tu sola presencia. Levanté mi mirada y me cruzé con tus ojos ¡esos malditos ojos!, que me hacían perder la razón en tan sólo un pequeño instante. Me levanté para saludarte, pero tu te adelantaste y tomándome la cara con ambas manos, me besaste. Colapsé por dentro, me volví loca por quererlo, me transgredí en cada uno de mis huesos. Me miraste de nuevo, no me dijiste nada. Me sonreíste y me diste tu mano. Yo me había quedado en blanco, en ese desface maravilloso que produce la belleza, no podía articular palabra, porque lo que te quería decir no tenía ningun tipo de form alingüistica, no existía. Opté entonces por acercarme, por dejar que apoyaras tu cabeza en mi hombro, por acariciarte la espalda y por sonreír. Opté por todo eso de forma infinita. Es ese minutó me desperté, eran las ocho de la mañana. Mi rostro estaba cubierto de lágrimas, pero mi sonrisa permanecía intacta. Era matafísicamente perdurable. Yo a tí te amaba, y tu lo hacías también en mis sueños.

martes, agosto 21, 2007

¡Desaparece!



Me gustaría enterrarte bajo esos pilares oscuros, donde el Sol se ha hecho auscencia, extendiendo una larga sombra que cubre la totalidad de la tierra, quiero dejarte olvidada ahí, en lo más profundo del subsuelo. ¡Desaparece de una vez!, lo estás haciendo de a poco y eso me molesta, quiero que las cosas las hagas rápido y sin hacerte la interesante, no me interesa mirar como te desvaneces lentamente por mis dedos, ni como te vas volviendo aire, en soplidos absurdos y carentes de sentido. Me encantaría poder pintar encima de tu rostro, cubrirlo con capas y capas de pintura acrílica, así no vería tus ojos ¡tus perturbadores ojos!; estarían bajo el lienzo que haría encima de toda tu piel, sin dejar poro libre de mi arte. Hazme el favor de no recordarme, quiero que me temas denuevo, no soporto que conozcas mi lado sensible y menos que los utilizes cuando los necesites; sabes que no soporto que me tengan confianza, ni mucho menos que me abrazen frecuentemente. Ya me aburrí de que mis ojos te causen sonrisas, no quiero verte reflejada en ellos. Seamos anónimas la una para la otra, fantasmas, espejismos, cualquier cosa pseudo-inmaterial o incognosible que nos haga evitarnos en cualquiera de los pasillos donde solemos regalarnos miradas. Baja el rostro cuando yo camine a tu lado, no me hagas el favor de permitirme observarte cada día, sal de mi mente, limpiate de allí. No eres bienvenida. Desaparece de mis textos, de mis dibujos, de mi cabeza, de todo lo que huela a mí. ¡por favor! Haz todo eso como un favor, me encantaría encontrarte de nuevo, y darme ese exquisito placer de conquistarte de a poco.

domingo, julio 29, 2007

(Re)Encuentro


Nosotros paseabamos abrazadaos por el Parque Forestal, conversando quien sabe de qué; a veces, nos deteníamos para besarnos o simplemente para mirarnos un rato a los ojos. ¡Cúanto me gustaba tu mirada, era una de las pocas que me daba paz realmente!
La gente nos miraba burlándose, se reían siempre al verme contigo, como si tuvieras algo que no calzara. En todo caso, para mí era muy cierto, ya que yo siempre te decía que eras la persona más enigmática que había conocido. ¡Y te amaba por eso! Te amaba tanto que siempre estaba contigo, pese a todas las burlas extrañas de la gente y sus caras de preocupación. Como si estuvieramos equivocados o haciendo algo malo.

¿Te acuerdas de aquel día que me empezó a doler fuertemente la cabeza?
El doctor me dijo que tu no existías, que eras producto de mi imaginación. Tú estabas ahí conmigo y no me lo negaste, no dijiste nada. Me miraste con esos ojos tuyos rogándome que no te borrara de mi mente, que no me curara de ese mal enfermo de imaginarte en cada lugar.

Yo cumplí mi promesa y escapamos juntos a nuestro jardín hecho de girasoles. Ambos sabíamos que tampoco existía, pero de cierta forma, nos gustaba ser cómplices de esa suerte de inexistencia

miércoles, junio 20, 2007

Enloquecer


Tú me hablabas ya no sé de qué, llevaba quince minutos sin escucharte; pensaba en las mil y una forma que tendría para darte un beso, para excitarte hasta que enloquecieras. Yo quería enloquecerte, quería que te perdieras dentro de mí, quería que no encontrarás nada más que orgasmos y supieras que por un segundo yo no te estaba escuchando. Tú me seguías hablando de tu vida, de cómo te la estabas tomando, y yo quería sacarte la ropa sin que te dieras cuenta. Quería tocar cada parte de tu cuerpo y sentirte respirar agitadamente a medida que me iba acercando a ti, a medida que nuestros cuerpos se iban fusionando para convertirse en uno sólo.

Mientras pensaba en eso tú me miraste a los ojos y me preguntaste por qué diantres te estaba mirando de esa forma. Yo no sabía que había cambiado la manerda de mirarte, siempre te he mirado de la misma forma, porque siempre que te miro pienso en todas las formas que tengo para enloquecerte. Y te lo digo sin preámbulos, y tú te contorsionas, porque te excita que te digan esas cosas. Te me lanzaste a los brazos sin ninguna cautela, y en efecto, yo te enloquecí. Lástima que al día siguiente no me hayas encontrado en tu cama. Yo no quería despertar ahí, sólo quería hacerte perder la cabeza.

martes, mayo 01, 2007

Aquella mujer


No respires tan fuerte, porque pueden oírte. Pueden seguir el sonido de tus pasos y saber donde te ocultas. Ellos saben que te escondes por temor a una mujer que te robó el alma. Te cubres con sonrisas y mucha gente, para que ella no note que estás solo. Y estás solo porque la buscas en cada persona que conoces, y no la encuentras. No quieres verte tan patético ante sus ojos. Tampoco quieres olvidarte de su rostro ¿la amaste? No sé, no lo podría asegurar; pero te hacía feliz. Y te volviste adicto a la felicidad que ella te causaba. Ya no podías escapar. Por eso ahora todo es tan oscuro, porque no hay héroes en tu historia para salvarte . Solamente heroína. Aquella mujer que te volvió loco

domingo, abril 15, 2007

Texto del futuro


Muta y colapsa para ser imperfecta, para rociar de desastre su entorno, porque no calza con lo bello, ni con lo eterno. Es una masa olvidada que no representa ningún canon preconcebido, es la creación de algún “postmodernista con rasgos new age”, un horrible edificio que ensalza el paisaje con fierros y luces. Enchufes de aparatos oblicuos, con pedazos de metales que brillan hacia el cielo. El sol se refleja y rebota, se rechaza y esconde. Olvidamos el pasto y todo es gris porque tiene que serlo, se transforma nuevamente en unas luces fluorescentes que cambian de color a medida que se las mira. Miras al cielo y no ves nada, un satélite se encuentra en tu techo y el jardín ya se secó a causa del calentamiento global. Es el mundo No mundo de las relaciones a través de cables sin roer, de pedazos digitales de corazones heridos. Ya no se hieren, les mandan virus. Este es un texto caótico, porque todo es rápido y uno ya no tiene tiempo para preocuparse de escribir, es todo sincero. Es el texto caótico del futuro, que no está lejos de existir, porque ya fue escrito por mí.

lunes, abril 09, 2007

Viaje al fin de la tierra


Te sientas en un bar un día y ordenas un par de tragos, se van duplicando consecutivamente dentro de tu cabeza. Uno, dos, tres - vas contanto - cuatro, cinco, seis - otra vez - siete, ocho, nueve y ¡PLAF!. Caes al suelo de forma estruendosa y aprovechas de quebrar un par de vasos, te importa todo un carajo. Entonces desvías la mirada y ves a unos tipos gruesos mirandote con desprecio. Te enfadas, yo lo sé, pero todo te da lo mismo ahora, asi que no les sigues ni el juego. En otro caso le hubieras plasmado unos golpes en la cara hasta dejarlos en el suelo ensangrentados. Comienzas a preguntarte de por qué todo parece más sincero y serio, como si el conteo de los vasos te conviertiera en alguien más feliz. Entonces te paras con dificultad, dejas un par de billetes y te retiras de aquella pocilga de mala muerte. Prendes un cigarro en el camino para verte más elegante, mientras te enrollas la bufanda en el cuello. No hace frío todavía. Ahora te sientes culpable del uno,dos y tres, porque no te estás sintiendo demasiado bien; de hecho te deprimiste nuevamente. No eres alcohólico, tú lo sabes, pero eres tan introvertido que es tu forma de sincerarte, al menos contigo mismo. A veces haces estupideces, pero nunca quedas mal, ya que eres demasiado guapo y elegante para ello. Eres un maldito genio que cae al suelo por ser sincero. ¡DICES LAS COSAS COMO LAS VES Y CAES! Estás aburrido de mentir, pero sabes que es necesario. Ya apagaste el cigarro en tu zapato. No lo disfrutaste, ya dejaste de hacerlo. El hábito es una costumbre, por lo que se vuelve monótono, y todo eso te aburre muchísimo. Es la vida, viejo - me dices riendo, mientras doblas la calle en busca de un bar, quieres ser más sincero y besar a alguien.

miércoles, marzo 21, 2007

¿Te acuerdas de las sábanas que suavemente se perdían en tu piel?


Acurrucada en una esquina perdida de mi cama, me mirabas con esos ojos interrogantes y tan expresivos; me decías que no te dejara nunca, porque no podrías soportar la culpa. Yo entre risas, te recordaba que algún dia lo haría, porque así soy yo. Te dije también que me iba a aburrir de tí en cuanto encontrara a alguien muchísimo más interesante, pero no sé porque no me creíste. Pasaron los días, y tu continuabas llámandome a mi casa, apareciendo de sorpresa con regalos y sonrisas e incluso un día decidiste besarme sin mi consentimiento. Fue en ese instante cuando te repetí que debías de dejarme ir, que me estabas atando a tí como si yo fuera una cadena inquebrantable; me ahogaba. Susurraste unas palabras que no alcancé a oír y te largaste a llorar en mi vestido. Yo no quería acariciarte suavemente para consolarte, ni tampoco quería darte palabras de aliento, simplemente quería que te fueras por la misma puerta que entraste. Te empujé hacia la puerta, ya no podía controlar el agobio que tu estúpida cara me provocaba. Tú te secaste las lágrimas e intestaste besarme de nuevo, pero esta vez mi mano detuvo tus labios, alejándote de mí. Empezaste a gritarme, me dijiste 'puta' y 'zorra' de forma repetida. Yo sólo te dije que estabas obsesionada de mí y que ya no podía soportarte. Fue entonces cuando sacaste esa arma blanca de tu cartera y me despedazaste el rostro a tiros.
- Al menos nadie te tendrá ahora, me llevé tu alma - dijiste para tus adentros. Y en ese mismo momento te volaste los sesos, sólo para acompañarme en mi viaje. Ni en mi muerte he podido descansar de ti.

sábado, febrero 24, 2007

Tú foto tortuosa


A los muertos no se les remplaza - me decías mientras observaba tu sonrisa en la única foto tuya que queda en mi pieza -. Aun así intento hacerlo. Tu rostro se burlaba de mi ignorancia, como si tratara de decirme que me volveré loca antes de lograr encontrarte sustituto. - Por eso te da lo mismo - me dices en la cabeza - ni tú te crees que quieres tanto como lo hiciste conmigo. Yo intento dejar de escucharte porque sé que tienes razón, pero no puedo evitarlo, necesito sustituirte y tú lo sabes. Es entonces cuando vuelvo a observar tu foto y ahora me sonríes de forma irónica. - Supéralo - me susurras y me vuelves a humillar, porque sabes que no puedo. Hoy te vi en la tele, estabas abstraída, actuabas. Probablemente ahora eres tan inalcanzable como cu alquier personaje ficticio, con la única diferencia que tu existes para mí. Te has vuelto a reír de mí - Tú buscas mis fragmentos en las personas que vas conociendo-. Eso es tan cierto que ahora me avergüenzo de mi obsenidad, de la forma predecible en que actuo. Tú siempre me lo recuerdas y sabes que me haces sentir mal. - Es porque a los muertos no se les remplaza, sino que se les entierra -. ¿Cómo se cava la tumba entonces? Pero esta vez no fuiste capaz de responderme.

miércoles, diciembre 13, 2006

Fragmento de una radiografía



Un tipo delgado atravesaba la calle oscura alumbrada por pequeños faroles que irradiaban luces amarillentas y cubiertas de neblina; él caminaba con pequeños saltitos. Iba fumando un cigarro de una forma un tanto soberbia, pero era curioso aquel acto, porque él no emanaba nada de eso. Al contrario, era un joven de sonrisa tímida, de ojos amables y cariñosos, que armonizaban su rostro haciéndolo apacible. Era una ardilla hiperquinética que subía a los árboles en busca de bellotas específicas; era tan exigente para sus cosas.

Me encontró desprevenida al borde de una estación de trenes, yo miraba al vacío como si lo hubiera estado esperando hace años, lo cual no se alejaba tanto de la realidad. Me susurró algo al oído, frases inconexas y demasiado volátiles, cosa que en primera instancia me descolocó; no porque no las entendiera sino que ya me había acostumbrado a olvidarlas. Así empezó todo, con un intercambio pueril de palabras que fueron muriendo para renacer en alentadoras frases sacadas de alguna maravillosa historia. Me fue envolviendo en su mundo, en una fantasía añorada donde la realidad palpable era casi un obstáculo para respirar en este país de nunca jamás. Yo creo que eso fue lo que me atrajo. Su manera de llevarme donde yo quería ir, su forma de tomar el cigarro y aspirarlo sin asco, pero por sobretodo, el camino que había tomado al deambular por esa calle oscura. Sentí un impulso incontrolable por correr tras él, por caminar junto a él y alumbrar el camino con mis faroles blancos, pero yo no podía hacer eso. Él caminaba mostrándome distintos fragmentos de su sentir, los que eran imposibles de armar en una sola pieza. Era un hombre irrearmable simplemente porque carecía de molde, había sido armado en otro lugar muy distinto a éste. ¡Que atractivo se ponía entonces! El sólo pensar que estaba junto a ti, pero que su mente bailaba en lugares lejanos, me hacía admirarlo y quererlo cada día más.

Era un fantasma solitario que irradiaba colores y empapaba los tonos grices con luces de su propia creación. Era casi un poeta escuálido y cansado de tener que hablar demasiado. Un vagabundo hundido en sus propias fantasías que transmitían el sentido de la belleza con palabras jeroglíficas que pocos entendían. Ese fue otro de msi grandes placeres, comprender fragmentos de él, haber sido parte de narraciones privadas y haber desentrañado rasgos ocultos que resultaron un deleite en el dialogo.

Estuvimos atrapados mucho tiempo en aquella estación repleta de gente, donde cada día me ahogaba más y sospecho que él también. Rodeados de tanto discurso innecesario, ruidos ensordecedores y colores hipócritas. Yo quería salir de allí, llevármelo a otro lugar con luces amarillas y neblina, donde pudiéramos mostrarnos abiertamente el mundo paralelo de donde veníamos. Él siempre fue más sincero, yo me callaba muchas cosas; no porque temiera decírselas, sino que el lugar me era adverso. No soporto las grandes masas, me trastornan.

Al final el tren llegó, y tuvimos que partir; nos ahorramos las despedidas, quizás por cobardes. En todo caso, me arrepiento de no haberle dicho lo importante que era para mí, de no haberle dado las gracias por sacarme de ese mundo y claramente de no haberle dicho lo mucho que lo quería y todo lo que lo necesitaba. Sé que lo volveré a ver. Él siempre aparece.

martes, octubre 31, 2006

Cigarrillo



Me senté en mi ventana, mientras la abría con cierta lentitud; tomé el encendedor del bolsillo y me dispuso a prender un cigarro. Lo tomé entre mis dedos, y aspire suavemente el tabaco. ¡Que asquerosidad! - pensaba - mientras iba analizando el pegamento, el papel y ciertos quimicos extraños que hacía entrar en mi cuerpo voluntariamente. Acto seguido, la sequedad en la boca, el olor pegado en la ropa y en las manos. El humo entrando por el cuerpo e impregnando la pieza; la maldita tos pegada, la flema verde y esparcida. El pulmón demacrado y vomitando pus; los dientes semi caidos, semi enegrecidos. La cara demacrada, la falta de aire, la plata gastada, el cansancio al caminar.
Tengo que dejar de fumar! Apague el cigarro! Me fui a dormir. Y sí, llevo un par de días sin fumar.