
Este cuento ha sido escrito exclusivamente para retratar mi visión abstracta de mi queridisima amiga, Isidora Cousiño, y regalárselo de alguna u otra forma por agradecimiento. Voy a confesar que es tan enigmática y RARA, que se ha transformado en una gran musa de insipiración
Aquella niña de ojos verdes era llamada desafortunada por ser un imán de situaciones retorcidas. La perseguían personas sacadas de cuentos de Poe; mezcla de poetas y locos, de depresivos y genios, de sonámbulos despiertos. Entre más huia, más atrapada se encontraba dentro de aquellas murallas con vestidos de princesas incendiadas. Ella no quería quemarse pensando que moriría, pero ¡cuan equivocada estaba!, definitivamente no lo haría.
Una vez le conté la historia sobre la existencia de dos tipos de personas: las que se incendiaban y las que no. Ella me sugirió que ella jamás se quemaría. Yo me reí de su tierna ingenuidad, porque nadie elige que quiere ser, sino quien debe ser. Ella observó un instante los jardines de girasoles que la rodeaban y se dispuso a no seguir escapando. En ese mometno comenzó a incendiarse y yo sonreí.
Por fin podríamos ir a tomarnos un café.





































