
- Niña de ojos claros, te voy a contar un cuento
- ¿De qué trata?
- De tí
- ¿Y yo qué hice?
- Sonreíste tanto, que tuve que crear una historia para que no se me olvidara.
- ¿Y dónde está ese relato?
- En cada uno de tus dientes
Una boina se aburrió de sus viejos zapatos, y decidió ir descalza










Muta y colapsa para ser imperfecta, para rociar de desastre su entorno, porque no calza con lo bello, ni con lo eterno. Es una masa olvidada que no representa ningún canon preconcebido, es la creación de algún “postmodernista con rasgos new age”, un horrible edificio que ensalza el paisaje con fierros y luces. Enchufes de aparatos oblicuos, con pedazos de metales que brillan hacia el cielo. El sol se refleja y rebota, se rechaza y esconde. Olvidamos el pasto y todo es gris porque tiene que serlo, se transforma nuevamente en unas luces fluorescentes que cambian de color a medida que se las mira. Miras al cielo y no ves nada, un satélite se encuentra en tu techo y el jardín ya se secó a causa del calentamiento global. Es el mundo No mundo de las relaciones a través de cables sin roer, de pedazos digitales de corazones heridos. Ya no se hieren, les mandan virus. Este es un texto caótico, porque todo es rápido y uno ya no tiene tiempo para preocuparse de escribir, es todo sincero. Es el texto caótico del futuro, que no está lejos de existir, porque ya fue escrito por mí.



LA ESTRELLA


Un día desperté con el pecho hinchado, con la sensación de tener dentro de él una pelota de aire inamovible que estorba el pasar de la respiración. Fue entonces cuando corrí al doctor para que me curara esta terrible sensación. – Debe dejar de fumar – es lo que probablemente me diría, y curiosamente lo haría, ya que la sensación es realmente insoportable. Al llegar a la consulta, el doctor me inspeccionó cautelosamente, como si tuviera miedo de decirme algo. Dentro de sus ojos azules, su mirada perdida me hacía especular cualquier desgracia. Luego de un rato, se sentó frente a mí y me dijo: Su problema es que alguien le quitó el corazón, y usted no se dio cuenta. La falta de aire se llama: angustia. Y la única solución es que alguien se lo ponga de nuevo.

Más conocido como Mothman, este ser paranormal es parte de la misma línea de personajes como Drácula, Pie Grande e incluso el Yeti; con la única diferencia de que el hombre polilla si existe y dio mucho que hablar en la cultura sesentera de EE.UU

Parecía una locura, o casi una. Me encontré volando una cocina algo sucia, creo que miento, era un asco de cocina.
Ollas grasientas, vasos sucios, manchas de dudosa procedencia y una tortuga sobrealimentada eran mi panorámica.
¡Que horrible lugar! - pensé. Claro, como mosquito me he topado con sitios realmente repulsivos, pero ¿esto? Se
Supone que las cocinas deberían (o simplemente aparentar) que son limpias.
Temí por mí. Creo que podría agarrarme cualquier infección urinaria en este lugar...si, incluso pensé en contagiarme con sífilis.
Me detuve un momento...de una olla (¿o paila?) percibí un delicioso aroma a papa duquesa...
MMMMM....mis favoritas, creo que no había nada más placentero que posarse sobre esas deliciosas papas, y extraer lo que podía. Intentando no ser aplastado por una mano gorda, que sólo pensaba e engullir (ni siquiera saborear) esas excitantes papas.
Descendí un poco...la estúpida cocinera, aparte de no saber hacer papas duquesas, no prestaba atención a mí (claro, eso reducía mi índice de mortalidad).
Estaba a unos pocos metros de mi elixir, cuando veo ascender vertiginosamente un liquido grasiento y rancio (se supone que esto no debería suceder), el problema fue que interceptó mi vuelo.
Mierda que estaba caliente!....me atrapó en sus liquidas garras, y subí de igual manera con él! cielos!! Estaba mareado, quería vomitar (claro, como mosquito no puedo
darme esos gustos). Me adherí al techo, esta agua amarillenta me quemaba.
Oh!! Justo cuando estaba resignándome, veo una luz que me deja ciego. ¡¿Quién en su sano juicio le saca fotos a un mosquito atrapado y sufriente?!
Aparte de quemado y ciego, estoy bien...eso creo. Como verán nadie me ha limpiado, sigo aquí, en esta cocina aún de sucia, con esta gente igual de extraña...y bueno
¿Que puede hacer un mosquito aquí? Ni siquiera sé lo que haría una araña, una mosca o un ave australiana en mi situación....
Es por esto que nadie progresa cívicamente..... ¿Como pueden hacerlo con mosquitos en la cocina?

''Si lograra
que esos ojos verdes
dejaran de asustarme,
emitiría una sonrisa
para provocar lo mismo.
Trataría de plasmarte
en mis hojas de papel,
únicamente para lograr entenderte
y así, iría cubriendo tus murmullos
con pedazos de mi propia angustia.
Entre tus palabras
guardaría cada una, escondida;
para descifrar el por qué
me pesan tanto,
las quiero tanto.
Trataría de socavar
aquellas despreciables frascecillas
para que no te perdieras
detrás de textos, detrás de nada.
Estaría ya gozosa
de compartir nuestra sangre,
para que esa sed de ausencia
jamás nos inundara.
Y paso a paso,
desarmaría el muro
para que me escucharas bien.
Mi -te quiero- te teme,
¡culpa de él!
quien cobarde y humillado
se niega a visitarte
y a desgastarse.
El tuyo, en cambio,
es más valiente,
quebró mis ojos
rompiendo las excusas.
Sonrío, prqueña, juro que lo hago.
Tras sombras y luces
que percatan el caminar
van exhalando frases sin sentido,
con el único fin
de que tus oídos perciban.
Te quiero, pequeña - susurran las hojas de otroño.
Y así se dijo sin temor,
esperando que algún día
pudiese expresarlo mejor"



Plumillas, garbanzos
Letras sin abrir
Un respiro
Un baile
Pronto vamos a partir
Das vuelta la hoja,
Y tratas de ver
Que entre esas letras
Hay algo que tener.
Son resguardos mudos, muertos
Pedazos de sangre
Del autor, ¿cómo no?
Un suicida inmolado
En su propia creación.
Disparas al aire
Y lo coges del cajón,
Esta forrado en cuero
Y contiene hojas de dolor.
Lo abres sin recelo,
Lo hojeas con emoción
Entraste donde Alicia
Una vez, se perdió.
¿Qué se lee cuando se lee?
Debo suponer que para algunos
Es A y para otros es B,
Es el alma retorcida,
Del autor que aún vive.
Y que te susurra al oído,
Lo que nunca se atrevió.
Su voz era un martirio,
Sus letras la bendición
Escuchemos silenciosamente
A nuestro querido escritor.






total son 24 comics unitarios, de los cuales sólo los primeros 23 han sido publicados, el último llamado Tintín y el arte-alfa nunca fue publicado por el fallecimiento del autor. Se han hecho varias producciones para televisión y en cuanto al cine, los derechos los tiene Steven Spielberg, quien ha hablado de filmar una trílogia.



No importa cuanto llames, cuanto hagas sonar mi teléfono esperando que yo levante el auricular, no importa si te contesto, y tampoco importa si decido colgarte. Apreté el número de tu casa por última vez, sólo por curiosidad, creo que quería cerciorarme de que siguieras con vida; y así fue. Tu voz algo tosca susurró un: alo?, algo curioso y burlesco. Como si supieras que era yo, como si quisieras volver a ridiculizarme y verme con la cara roja al otro lado de la línea. Te reíste para tus adentros, eso lo sé muy bien, conozco como respiras cuando haces eso. Sentía tu respirar por el auricular, y te colgué. Te colgué con el cinturón que encontré junto a tu cama, y ahí te ahogaste. Te demoraste en morir, te balanceabas, pero a final de cuentas, tu cuello se quebró y tus ojos abiertos ya no miraban. Me fui rápidamente de aquel lugar. Te volví a llamar cuando llegué a mi casa, quizás para cerciorarme que estuvieras viva, pero no. Nunca contestaste las llamadas.

Cuando el alma miente
En crueles asesinatos,
Oigo tu voz
Rasgada por el viento,
Siempre rota.
La ilusión de una causa,
Perdida en el mar.
No puedo escucharte
Siempre indiferente.
No podría dormir
Con el llanto
Pegado en mi cara.
No quisiera sentir
El dolor de tu ausencia.
Dormir, despertar, soñar.
Siempre aparecer
Rodeadas de gritos y de gente,
Rodeada de frases.
Todo se rompió
¿Quien pega las migajas?
Destrucción.
La vida es sufrir,
La felicidad tiene un precio
Que incluye esto.
Tú y yo.
Quisimos vivir,
Ser felices,
Pero todo siempre se quiebra.
El engaño.
Celos en el interior
¿Por qué no volviste?
¿Por qué no estuviste ahí?
Tuve que engañarme,
Buscarte en la esencia de otro
Y no me encontré.
Me dejaste morir, enloquecer
Y con una herida.
¿Encontraste el parche?
Nos queda el alma
Reconstrúyela.
Si es que necesitas volver.
Hoy es el final,
Lady Blue,
La lluvia se apaga.
Bunbury me entendió.
Abrió el cajón de golpe en busca de las pocas monedas que esperaba encontrar, pero ella sabía de antes lo que había en aquel mueble – nada- pensaba mientras se metía los dedos en los bolsillos soñando con que Dios le pondría mágicamente billetes en ellos. Que burda fantasía – le comentaba él – no sigas buscando, tenemos que pedir ayuda a alguien. Salomé le echó una mirada de aprobación con sus ojos que divagaban entre el azul y el verde; asintió con la cabeza mientras jugaba nerviosamente con su pelo rubio. Se levantó lentamente y abrazó a Cristián con los ojos humedecidos. El Sol de las doce no les tenía piedad. Cristián sin cambiar su rostro apesumbrado la soltó lentamente; tenía una mirada triste que trataba de disimular.
Ninguno de los dos tenían celulares para llamar. Él la miró tiernamente, como si fuera su única salvación. Salomé entendió y buscó alguna moneda. Tenían que pedir ayuda.
Una moneda de cien pesos brillaba opulenta en el fondo de la cartera, ella la tomó entre sus pequeños y temblorosos dedos, le dio un beso de despedida y la metió en el teléfono público. Sonaba despacio, había mucho ruido alrededor, eran las cinco de la tarde en el centro de Santiago; a la gente no le importan los problemas ajenos.
Aló? – contestó una mujer al otro lado de la línea
Amiga, necesito plata
¿Para qué? – ella odiaba prestar plata, y odiaba contestar el celular cuando estaba ocupada. Sobretodo si estaba tomando café con sus amigos, y compartiendo un minuto muy agradable. Salomé la había llamado amiga, y eso cambiaba todo.
No puedo decirte. ¿Dónde estás? – su voz se urgía cada vez más. La mujer de la otra línea lanzó un suspiro y dijo a regañadientes: donde siempre
Se cortó la comunicación. Ellos dos sabían que era su única posibilidad acudir a Virginia, ella sabía lo que tenían que hacer y nunca les negaría ayuda. Tomaron sus mochilas, su botella de agua y fueron en busca de una micro que los llevaría al lugar.
Hace tres días que había escapado de su casa. Ella decidió seguirlo. Habían visitado diversos moteles, hoteles y hosterías en el centro para encontrar algún lugar apropiado donde quedarse solos, les gustaba la aventura. La música que acompañaba esta situación tenía un toque de Punk, pero ellos no la escuchaban, sólo se oían entre sí. Encontraron un lugar en medio de la calle Santo Domingo, tenía pocos muebles, olía a sexo y lo administraba una señora bastante anciana. Dos anteojos gruesos le cubrían el rostro, sus arrugas no le permitían ver con claridad, escupía una saliva verde y viscosa que caía levemente por su cara totalmente demacrada.
¿En que les ayudo? – dijo forzando la voz
Queremos pasar dos noches aquí.
No tienes dinero, hijo
La vieja lo sabía muy bien, es por eso que decidieron buscar plata donde Virginia, que estaba tomando café en algún lugar de la ciudad. Ya habían conseguido una micro que los llevara por doscientos pesos, no habían comido en todo el día y tampoco podían hacerlo; escaseaban de monedas. Llegaron finalmente a destino, transpirados, con heridas en los pies y ojos totalmente desorbitados. Ella corrió donde Virginia, que la miró entre risas y disgusto. No obstante él se alejó afligido, no quería que vieran su rostro, por lo que simplemente esperó en la puerta, deseando un poco de su ayuda. Salomé confiaba en Virginia, la conocía. Fingió estar despreocupada realmente y le rebeló todo su problema entre risas y congoja. Virginia desaprobó la idea totalmente, pero aun así sabía que Salomé tenía mejores razones, las que ella no podía entender. Es por eso que le tendió un billete sin pensarlo demasiado.
- ¿No tienes más? – preguntó desconsolada. Los amigos de Virginia comenzaban a molestarse por dicha interrupción.
Virginia terminó de sorber el café, mordisqueaba el vaso desesperada, no quería responder dicha pregunta porque sabía las consecuencias.
Sí, pero en mi casa.
¿Queda muy lejos?
No – Virginia se había levantado de la mesa para no perturbar la conversación de sus compañeros.
Ella pequeña y débil, con una tos famélica, le rogó que le prestara más jurando que se la devolviera lo antes posible. Virginia que no tenía intención alguna de separarse de su agradable compañía tuvo que ceder casi por un tema moral. Caminaron rápidamente unas cinco cuadras hasta llegar al departamento. El aire era tenso, Virginia estaba molesta y este par totalmente agobiados. Le entregó más plata y les sirvió un vaso de bebida; se negó a dar abrazos y los despidió a su suerte. En ese momento Salomé y Cristián estaban solos, sin nadie que los ayudara, con algo de plata y callos en los pies. Habían logrado ocultar perfectamente su examen de VIH, que los había condenado a escapar. Virginia lo sabia, siempre lo intuyo, pero prefirió considerarlo una mentira. Salomé nunca se lo dijo y Cristián lo calló.
Volvieron a duras penas a su hostería, sus pies sangraban y sus ojos no dejaban de llorar por la desesperación. Sucios, mal vestidos, hambrientos. Sabían que morirían. Llevaban meses sabiendo. Habían decidido huir para hacerlo a solas, ya que ambos dos eran causa del otro; consecuencia de muerte. Entraron a la habitación de paredes rasgadas, fecas en el suelo y manchas de gonorrea en los cojines. No podían alegar, era su destino. Se tendieron uno al lado del otro en la cama, se tomaron de las manos y comenzaron a contar en forma regresiva. Ambos lloraban, nadie los acompañaría, ni siquiera ellos estaban juntos, simplemente tenían que morir. Romeo y Julieta se habrían encontrado en ellos dos, ambas parejas tenían ese color a drama y ese destino tan desgraciado.
Oscureció temprano ese día, se nublo el cielo mucho antes de lo que esperaban, pero ese eclipse sólo lo vieron ellos; los demás gozaban del calor de un día de Diciembre. Las toses ensangrentadas llenaron la vieja pieza, el color verdoso de la cara hacía que sus rostros se buscaran más y eso hacían, aunque con miedo, como esperando que todo terminará ya. La enfermedad llegaba a la recta final, no quería seguir manteniendo la existencia de aquellos dos, quería apartarlos del camino. Las luces se apagaron, y la puerta se abrió. Entró Virginia con un caminar lento, miró de reojo la habitación y se sonrío. Cristián y Salomé no entendían nada, ninguno se alegró por la llegada; temían ser descubiertos.
¿Te sirvió la plata que te preste? – dijo Virginia sin mirarlos
No la hemos gastado aún, amiga – dijo entre toses.
Virginia emanó una sonrisa. Cristián y Salomé yacían abrazados en el sofá, transpiraban de nervio y de miedo; sus ojos de plato miraban buscando algo, alguna salida, alguna oportunidad. Virginia se sentó frente a ellos y les susurró – me arrepentí de prestarla-. Acto seguido, una bala atravesó los dos cráneos y plasmó más sangre en las paredes, con la diferencia, de que ésta estaba fresca. El hedor salió de los cuerpos inmediatamente, como si ya hubieran muerto hace tiempo; no se podía respirar allí. Virginia tanteó los bolsillos y encontró su dinero. Salió de la habitación con él, se subió a la micro, y se fue de compras navideñas.
No es bueno prestar plata – se dijo para sí.